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jueves, 24 de diciembre de 2015

El súper legítimo Kevin León

(foto por Pablo Murillo)

Una noche en marzo del 2012 conocí a Kevin León.

Llevaba poco tiempo de estar en Costa Rica. Había crecido en Estados Unidos y visitaba la tierra de su madre periódicamente, pero algún hecho clave hizo que dejara todo allá y se instalara acá, en una finca en Tacacorí de Alajuela.

Kevin contactó gente con quién sentía afinidad por medio de Facebook, para ir conociendo gente con sensibilidades similares en su nueva patria escogida. Su entrada a mi círculo fue por medio de Daniel Ortuño.

Chateámos un par de veces y nos contamos un poco de nuestras historias. Poco después quedamos de vernos en el Steinvorth, en un concierto. Llegamos tempranísimo y nos sentamos a conversar.

A partir de ese momento nos seguimos viendo a menudo. Durante un tiempo fue pareja de una amiga mía muy querida, entonces caminos se cruzaron una y otra vez... pero lo que realmente nos acercó fue su amor por el arte y sobretodo por la música en vivo.

Kevin León. Recién llegado en el 2012. Sin grandes redes de contactos. Sin mucho presupuesto. Sin raíces históricas en colegios y universidades locales. Kevin León en cuestión de unos años hizo más por la escena del rock alternativo que muchos que han estado acá toda su vida.

Empezó tímido con pequeños eventos en su finca familiar alajuelense, La Patria. Luego siguió la formación de su productora Super Legítimo. Hizo publicaciones. Organizó conciertos. Conformó DIAWAI con Milo Bekins y Fede Salas. Hizo videos. Promovió bandas desconocidas. Aprendió a hacer sonido para conciertos. Jaló equipo. Hizo mixtapes. Se echó proyectos ajenos al hombro. Hizo una diferencia.

Como Kevin se ha convertido en una de las pocas figuras que tiene la lealtad y el respeto de prácticamente todas las bandas del rock alternativo y de productores, prensa y promotores, logró reunir muchísimo talento para la segunda edición de su fanzine de Super Legítimo. Artistas como Fede Salas, Lores De Sousa, Huba Watson, Daniel Ortuño y Adrián Poveda aportaron su tiempo y su trabajo, entusiasmados y sin pedir nada a cambio.

La revista salió a la venta hace poco y pronto estaba adornando las paredes de muchísimos fans y de un número similar de artistas. Otros, como yo, lo guardamos en cajas con el resto de nuestra memorabilia rockera, seguros que se convertirá en un importante documento de nuestra memoria compartida.

En el momento que escribo esto Kevin lleva unos meses fuera del país y su ausencia se siente y nos pesa a todos. Entre sus planes está el volver pronto a Costa Rica y crear un circuito de espacios para conciertos fuera de la Gran Area Metropolitana.

La distancia no es un impedimento para que Kevin siga haciendo cosas por nuestra escena. Ahora, con mucho cariño, quiere regalarnos algo: una edición digital de ese segundo número de Super Legítimo.

Y acá está.

Feliz Navidad.

(Gracias, Kevin... y volvé pronto)

martes, 23 de junio de 2015

Perra Pop Presenta: Timber of Trees


Timber of Trees es Milo Bekins (Whitegirl) en la guitarra y voz principal, Jimena Torres (Las Robertas, Los Waldners, The Great Wilderness) en guitarra y coros, Fede Salas (Niño Koi, Ave Negra, Orquídea) en el bajo y Héctor Herrera (Blame The Observer, The King Of) en la batería. El pedigrí de esta banda capitalina es asombroso, pero más asombroso fue su debut: el 9 de Julio del 2014 en el Sótano de Amón Solar apareció Timber of Trees en el primer evento de Folk Collective. Aun es temprano para saber que tan profunda será la huella que dejará Timber en la escena local, pero lo que no tiene discusión es la huella que ha dejado Folk Collective a menos de un año de su llegada. Separar los dos proyectos es complicado, dado que no existirían el uno sin el otro: Folk Collective fue creado para que Timber of Trees lograra tener una ventana para exponer su trabajo y Timber of Trees alcanzaría su popularidad de la mano de los eventos de Folk Collective. Hay una correlación inmediata entre uno y otro... y con la generación de músicos que Folk Collective puso en el mapa, y ahí donde quiero centrar mi atención: las escenas que crecen orgánicamente alrededor de un espacio.

Entre 1994 y 1995 existió Nikos. Quedaba en San Rafael de Escazú. La gente llegaba por los conciertos y luego se iba a la tienda de la gasolinera Shell a comprar cervezas y tomárselas en la acera. En ese momento Nikos era el único lugar donde el dueño siempre apoyaba y compartía las ganancias del chivo con los músicos. La Muni de Escazú se esforzó en lograr el cierre del lugar, con constantes visitas y lo que sólo podría describirse hoy en día como acoso. El "rock no era para Escazú, sólo pachucos y malos ejemplos" le dijo una señora emperifollada -muy involucrada con la Municipalidad- al dueño del establecimiento.


Sin importar su eventual cierre, en el tiempo que estuvo abierto Nikos logró impulsar y unir a una generación maravillosa de bandas que serían un capítulo importante del rock nacional: El Parque, Gandhi, Amplexus (luego Evolución), La Nueva P, Índigo, Bruno Porter. Trasladarían su actividad a otros espacios más cerca del centro después del cierre, y serían las protagonistas de los primeros Rock Fest. Por un breve instante serían conocidas como "la bandas de Nikos", lo cual hace que mucha gente que estuvo ahí las recuerde como "la Generación Nikos" años después, dándoles un contexto y un marco de referencia.


Con el pasar de los años la mayoría de las bandas fue desapareciendo, algunas son recordadas con mucho cariño y afecto. Por otro lado, mucho rockero escazuceño en sus treintas y cuarentas especula que si la Muni no hubiese cerrado Nikos, tal vez Escazú hubiese podido desarrollar y sostener una cultura rockera propia en vez de solo tener breves destellos cada cierta cantidad de años, pero son especulaciones. Lo que si podemos decir con certeza es que las "generaciones musicales" dependen de condiciones favorables que permitan la creación de escenarios para las bandas. Si no hay escenarios, no hay nada alrededor de lo cual pueda orbitar el surgimiento de una cultura. Una "movida" necesita convocar con regularidad y compartir experiencias que marquen a las vidas de sus componentes.


Durante el 2003 si usted quería ser tomado en cuenta por las estaciones de radio, los websites dedicados al rock (¡una novedad!), los periódicos, las revistas impresas y las otras bandas que aspiraban al mainstream, usted tenía que tocar en El Cuartel. Así de sencillo. Por suerte el Cuartel ofrecía un "paquete" relativamente accesible para que las bandas organizaran eventos ahí, que incluía el alquiler de un sonido y un sonidista relativamente competente. De esa forma muchas bandas que aspiraban en ese momento a ser los siguientes Gandhi o Evolución -y que no calzaban estrictamente con la estética nu-metal que dominó el mercado musical esos años- lograron dejar una huella en todos los medios de difusión y se convirtieron en los referentes de una generación de rock alternativo: Nada, ESimple, Sintagma, Elemento y Cabuya fueron de las más destacadas. El Cuartel no era el único lugar donde tocaban -nunca hay tal cosa como un lugar único- pero si era el espacio más frecuente y alrededor del cual los músicos se daban cita más a menudo.


La mayoría tuvo canciones sonando en la radio, portadas en la revista Viva de la Nación, cobertura extensa y dedicada de sitios como La Escapatoria y 89db, hasta notas en Siete Estrellas; sin embargo esta atención no se tradujo nunca en ventas masivas, como tampoco lo hizo la inversión que la mayoría hizo en grabaciones ambiciosas de su material, el correspondiente tiraje formal de discos y su colocación en las tiendas más importantes del país. El modelo había cambiado sin avisar. La Generación del Cuartel fue la última generación en creer en cierto tipo específico de éxito, basados en las expectativas inalcanzables alimentadas por las generaciones inmediatamente anteriores, que vivían de los sueños prometidos por MTV Latino durante los noventa. Esta generación se dio cuenta -a un alto costo- que a diferencia generaciones pasadas: las disqueras nunca iban a llegar, los medios nunca iban a crear el tipo de momentum que buscaban, la inversión agresiva de capital nunca sería proporcional al éxito alcanzado.


En esa misma época, a unas cuadras de distancia, se forjaba otra movida, la del Yos. El Yos fue un escenario indispensable de la movida punk unos años antes, donde bandas como Solocarne se consagraron. Ahora una generación distinta, con influencias bastante lejanas del punk, estaba creando música cuya estética tenía raíces en la escena de música electrónica y los raves de finales de los 90, a pesar de que la mayoría de su instrumentación y estructura seguía siendo bastante tradicional. Exnobia, Sénsor, Parque en el Espacio y Úztari son de las recordadas con mayor afecto.


Al igual que la generación de Nikos, algunas de estas bandas sobreviven las adversidades y evolucionan... otras tienen menos suerte y no logran sortear los obstáculos naturales a los que se enfrenta una banda (frustración, profesionalización, recursos). Algunas que sobreviven la escena donde nacen son parte indispensable del nacimiento de una escena siguiente. Tal vez sea importante señalar que estas "escenas" no eran las únicas de cada momento, de cada instante en nuestra historia compartida, pero las menciono como ejemplos concretos de como las generaciones de bandas se van anclando alrededor de espacios específicos, y como aunque su sonido no sea idéntico, si hay una serie de coincidencias en las aspiraciones que tienen y en su visión de mundo. Paralelo a estas dos escenas estaba la movida de Vieja Escuela, por ejemplo, que si bien no era un espacio físico era un ente organizativo que creaba espacios para bandas como Seka, Xpunkha y UFO, que compartían muchas afinidades políticas, éticas y estéticas.


Otra detalle importante es como uno puede ver desde una generación que va en declive, como a lo lejos va surgiendo otra, como se va formando el relevo. De esa forma, al vivir el ocaso de la generación de bandas del Cuartel y del Yos, vimos la llegada de la generación que se consolidó alrededor de Teatro Sala de la Calle 15 en el 2006: Los Acetatos, Los Cuchillos, Continental, SensorPoper, Alta Costura. Todas estas bandas alguna vez tocaron en espacios como el Cuartel de la misma forma que muchas de las bandas del Cuartel tocaron en Calle 15, y algunas tocaron regularmente antes del 2006. Lo interesante es ver como se va generando una identidad generacional con muchísimos elementos que no son musicales ni de edad, si no marcados por las metas, la sensibilidad y la política. De esta misma forma podemos apreciar como hay escenas claves que sirven como antesala al surgimiento de algo más grande después. Calle 15 no parió bandas masivas ni fue un fenómeno mediático como lo fueron las generaciones de Nikos o el Cuartel respectivamente, pero fue la semilla de donde germinaron las bandas del Lobo Estepario del 2010, que ha sido la generación más importante en años recientes.


Entre el 2009 y el 2010 el Bar El Lobo Estepario le abrió las puertas a Genfin Jiménez para que organizara y promoviera conciertos de rock alternativo los fines de semana. Durante año y medio desfilaron las bandas más talentosas y hambrientas del momento, en su mayoría conformadas por artistas jóvenes con una visión distinta a las generaciones inmediatamente anteriores. Niño Koi, Zópilot!, The Great Wilderness, Las Robertas y Monte fueron las bandas emblemas del movimiento, -también conocido como la Generación Sí San José por el sampler que grabaron juntos- que compartían una disciplina implacable que les permitía tocar seguido, auto-financiarse y no esperar ningún tipo de ayuda fuera de su comunidad, pero que no sonaban para nada parecido.


Durante los años siguientes las bandas de esa generación dominaron la prensa y la crítica, y los espacios que se fueron abriendo luego del final del ciclo el Lobo. Su impulso logró consolidar una presencia dentro y fuera del país, con muchísimos blogs internacionales volviendo los ojos hacia Costa Rica. Los últimos años se han mantenido con la inercia de este gran estallido, con un puñado de bandas pertenecientes a la misma época, o al mismo arsenal de músicos, uniéndose a la movida y abanderándose de muchos de sus principios éticos de auto-gestión: Colornoise, Florian Droids, Los Waldners, Ave Negra.


Con el paso de los años nos tocó ver a algunas de las bandas reducir su actividad y presencia en los escenarios (Florian Droids, Zópilot) o simplemente desaparecer por completo sin siquiera despedirse (Niño Koi, The Great Wilderness). Al ver como una generación numerosa se iba reduciendo -como pasa naturalmente- a un grupo selecto de sobrevivientes inquietos, nos enfrentamos a la pregunta de siempre: ¿ahora qué? ¿de dónde vendrá la siguiente generación importante de músicos alternativos? ¿cuales espacios se abrirán para que las nuevas generaciones puedan hacer lo suyo? ¿no nos toca ya el relevo generacional? Tuve esta charla con Daniel Ortuño hace más de un año y por pura coincidencia apareció la respuesta un poco después.


Hace más de un año, en Junio del 2014, Milo Bekins organizó su primer Folk Collective en el Sótano de Amón Solar ante un público pequeño y entusiasta. Tres meses después, para la cuarta cita, habían trasladado su evento al primer piso y su fecha había pasado de Miércoles a Jueves por la cantidad de público que estaba convocando. Siete meses después Folk Collective sería parte integral del Festival Internacional Epicentro. Nueve meses después recibía un espacio mensual en un lugar mucho más grande: el Steinvorth. Milo se había enfrentado al problema al cual se enfrentan todos los músicos jóvenes en algún momento: no hay donde tocar y las bandas consolidadas tienden a preferir tocar con las bandas con las que surgieron durante los malos años ¿qué hacer? Milo hizo lo que todos los artistas exitosos logran descubrir en momentos claves de su carrera: crear un espacio propio para tocar con otros artistas que tampoco logran encontrar un espacio. Tal vez de forma deliberada, tal vez de forma accidental, Milo logró convertirse en el centro de un fenómeno que aún no para de crecer ni ha alcanzado aún su formato definitivo. Su ojo infalible para escoger colaboradores musicales (¡Fede Koi! ¡Jime Wilderness!) ha funcionado para escoger a su equipo de socios para Folk Collective (¡Fede Koi! ¡Kevin León! ¡El Steinvorth!), lo cual promete grandes cosas.

Folk Collective nació como suelen nacer las grandes generaciones: un grupo de artistas ocupaba un espacio para compartir. Con su folk denso y asfixiante, Timber of Trees se convirtió en la vanguardia de una nueva generación de bandas que poco a poco va creciendo y ocupando espacios: Rex Begonia, Papaya Head, vicepresidente, Aifon, Glaciar, Dios Desde La Máquina, George Best, Emma Brott. Es temprano para saber como acaba esto, pero es una maravilla verlo suceder ante nuestros ojos ¿quienes serán los grandes innovadores? ¿cómo evolucionarán los sonidos de esta generación? ¿a quienes recordaremos como las grandes bandas de estos años?

Timber of Trees - Live at Folk Collective (2014)

Timber of Trees en Bandcamp.


jueves, 18 de junio de 2015

Perra Pop Presenta: Camelolloide


A pesar de crecer en Heredia y vivir gran parte de mi vida en San José, siempre he sentido una conexión muy fuerte hacia los pueblos de Occidente. Mi bisabuelo José Gamboa -abuelo paterno de mi madre- nació en San Ramón en el seno de una familia de educadoras y partió a trabajar en la Mina de los Tres Hermanos en Abangares para luego asentarse en Heredia con sus hermanas maestras y construir su fosforera. Mi abuelo paterno Jesús León nació en Atenas y se fue a San José a dedicarse a la nueva industria de la reparación de automóviles a principios del Siglo XX. Las vacaciones escolares de mi padre están repletos de imágenes de los campos fértiles de Atenas, y de niño me llevó a visitar para contarme sobre sus veranos. Cada vez que podía me presentaba a algún pariente longevo que me ilustraba estas historias de un niño pelirrojo que llegaba con los vientos alisios.

En 1913 la Municipalidad de San Ramón impulsó ante el Congreso un proyecto que pretendía formar una provincia con su territorio y el de los cantones de Palmares, Naranjo y algunas áreas que ahora pertenecen a San Carlos. Hubo protestas de muchos sectores y se quiso convocar a un plebiscito para que el pueblo soberano decidiera. Finalmente el plan fue desechado, pero quedó constancia de que esta población se sentía merecedora de autonomía, que querían soberanía para resolver sus propios problemas con sus propios presupuestos y de que le sobraba iniciativa para exigir cambios ante el poder centralizado de la capital y las cabeceras de las cuatro provincias del Valle Central.

En 1918, durante la dictadura de los Tinoco, San Ramón, Naranjo y Palmares fueron de los escasos pueblos en alzarse en armas y rechazar categóricamente el Gobierno ilegítimo que había sido impuesto en elecciones postizas mono-partidistas después del Golpe de Estado. Pagaron un precio alto por su insurrección, pero inspiraron a los rebeldes y atizaron el fuego del rechazo popular en San José, que crearía una situación tan volátil en la capital que obligaría a Tinoco a dejar el poder y huir del país.

En 1948 se ubicó el Frente Norte del Ejército de Liberación Nacional en Occidente. Ese sería el segundo frente de los revolucionarios durante la Guerra Civil. Inspirados, entre otras cosas, por el asesinato del Dr. Carlos Luis Valverde Vega en manos de sicarios patrocinados por el Estado, el levantamiento se hizo en busca de justicia y un proceso electoral transparente. Actualmente el cantón donde se encuentra Sarchí lleva el nombre del buen doctor.

En el 2012, ante la decisión del Gobierno de concesionar la esencial autopista a San Ramón a una empresa extranjera con un alto costo económico y de soberanía para los pueblos de la región, Occidente se levantó con una sola voz y de forma pacífica, coordinada y unida exigió un cambio de dirección y logró sentar un precedente histórico en la forma en la que se puede desarrollar la obra pública en nuestro país.

Nunca subestimen a los pueblos de Occidente. Es gente que logra cosas y suelen estar adelantados a la curva.


En Costa Rica siempre hemos tenido destacados músicos de todas partes del país, y en específico hemos tenido músicos increíbles de rock que originaron en Occidente, como los legendarios Hermanos Vargas. A pesar de esto, se enfoca toda la atención en la Gran Area Metropolitana (¡ni siquiera en todo el Valle Central!), con particular obsesión con el centro de San José. Si las bandas quieren lograr algo de atención de los medios nacionales, tienen que hacer el peregrinaje hacia el centro. Esa fue la historia de Seka (Turrialba), Exnobia (Zarcero), Demorama (Puntarenas) y de iO (Grecia), por mencionar algunas bandas de los últimos veinte años.

¿Qué es lo que frena el crecimiento libre y saludable de las escenas de rock fuera de la GAM? Podemos teorizar que la densidad de la población juega un rol determinante en poder desarrollar y sostener una escena musical. Si tenés suficiente gente, entonces tenés más chance de que alguien encuentre tu trabajo como algo interesante y digno de apoyar. Por otro lado, no podemos ignorar que esta densidad poblacional afecta directamente el interés del Estado en invertir y promover a los músicos locales. Si no hay suficientes electores en un evento, es tirar la plata por la ventana. Por eso los FIA son tan efectivos como instrumentos políticos: podés regalarle una experiencia positiva a muchísima gente con una inversión modesta y luego usar esto como palanca para que voten de nuevo por vos. Por eso Enamorate De Tu Ciudad se hace con fondos estatales y no municipales... y la ciudad de la que están hablando es estrictamente San José. No Liberia. No San Ramón. No Limón. San José, con su millón y pico de habitantes. El resto que se joda.

En contraste al abandono que sufren las regiones lejanas a San José, tienen de los públicos más entusiastas y genuinamente interesados en el arte que he conocido. Me acuerdo la primera vez que participé en un concierto de rock alternativo fuera de la GAM -en el 2004 con ESimple, Cabuya y Sintagma en San Marcos de Tarrazú- y fue iluminante. La gente era curiosa y cálida. Participaban de lleno en los eventos, se dejaban conmover por la música y no tenían distancias irónicas hacia las cosas que disfrutaban. Eran transparentes, honestos y hacían que cualquier espacio se sintiera íntimo y personal. Acostumbrado a la frialdad de los conciertos josefinos y a la torpe de necesidad de vernos cool y cínicos que mostramos como público -"ay, que pena pararse frente a la tarima ¡zafo!"-, esto fue realmente aleccionador. Me di cuenta que estábamos haciendo todo mal y que había mucho que aprender lejos de la capital.


Hace mucho tiempo en Occidente dejaron de joderse la vida esperando que alguien llegara a salvarlos o a notarlos. Ya hace más de diez años bandas como Exnobia -de mis bandas favoritas de la vida y creo que de las mejores bandas que ha tenido Costa Rica- dejaron muy claro que sus pueblos son terrenos fértiles para el desarrollo del talento y la creación de arte sofisticado absolutamente contemporáneo, y que además eran capaces de organizar mini-festivales auto-gestionados, sin patrocinios estatales ni de marcas masivas.

No obstante, la ausencia de continuidad seguía entrabando el desarrollo fluido de una comunidad sólida y constante, pero eso poco a poco fue cambiando. Antes faltaba organización agresiva, y ambición en la logística y la convocatoria, pero de un tiempo para acá se dieron cuenta de las fortalezas de su escena en contraste a lo que sucede en la GAM y empezaron a pensar en una escala proporcional a su talento. Muchos negocios han apoyado la iniciativa y han cerrado filas con esta generación de gestores y productores, que han logrado crear las condiciones para un crecimiento sostenido del arte local.


Llevo unos meses escuchando a varias bandas de la camada actual de Occidente, bandas de Grecia, Sarchí, Palmares y Zarcero. Hay muchísimo talento y perspectivas frescas. Hay muchísima energía y competitividad sana. Es refrescante el escuchar tanto material que ha sido moldeado y pulido por influencias tan diferentes a las que dominan la escena alternativa capitalina, pero que a la vez comparten muchísimo del bagaje cultural y elementos claves de identidad. De todas estas bandas las que más duro me golpeó fue Camelolloide.

Camelolloide no es necesariamente la mejor de todas, ni la más destacada, pero si fue la que más me afectó personalmente. Hay algo en su sutileza y su inmediatez, en la dosis controlada de blues y psicodelia que me recuerda lugares olvidados de mi adolescencia y mi infancia, pero no a bandas específicas, si no que me evoca un sensación de algo importante perdido. Su juego de voces suaves y sugerente, sus letras orgánicas, las atmósferas musicales opresivas, su percusión amenazante... todo funciona. Cuando el super-legítimo Kevin León me pasó las grabaciones de la banda creo que no tenía la menor idea de lo que me estaba haciendo.

La banda nació en el 2009, pero no debutó hasta el 16 de diciembre, 2012 después de un largo proceso gestativo. Sus miembros son Randall Salazar (Katerva) en la guitarra y voz, David "Negro" Carmona en el bajo y coros, Luis Roberto Castro en la batería y voz, y César Andrés Paniagua (El Valle Sound Machine) en la guitarra y voz. Algunos de ellos han tenido roles como gestores culturales, productores y promotores de eventos en su escena local, porque el rock y el amor al arte nos vuelve multifuncionales sin excepción.

Hay algo importante pasando en Occidente. Poco a poco más bandas están visitando la capital y trayendo con ellas un entusiasmo y una actitud que a veces siento que hemos perdido en San José, y ahora bandas "del centro" se están esforzando en ir a tocar allá para contagiarse de una energía y una ética que es vital para que demos el siguiente paso como una colectividad de artistas, productores y gestores costarricenses que somos. Es necesario un cambio de perspectiva para poder surgir y volvernos sostenibles y reducir la frustración que causa el vivir -intencionalmente- en un espacio tan cerrado y con un público tan limitado. Tenemos que empezar por admitir que lo que llamamos "la escena de rock alternativo nacional" hasta el momento se ha caracterizado por ser la escena de "rock alternativo exclusivamente de la GAM" y que hay dar pasos ambiciosos y serios por integrarnos a lo que sucede en el resto del país de la misma forma en que las bandas de Occidente no titubean en tener su escena propia y venir a visitar nuestros escenarios josefinos constantemente. Hay que integrarnos a Costa Rica.

Hay que volver la mirada a Occidente en silencio, hay que escuchar. Hay que prestar mucha atención...

Camelolloide - Camelolloide (2013)
Camelolloide - Lady B (demo) (2015)
Camelolloide - Hola Calle Estadio Chill & Love Sessions (en vivo) (2015)

Camelolloide en Soundcloud.