Mostrando entradas con la etiqueta Esteban Rodríguez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Esteban Rodríguez. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de octubre de 2015

...y nuestro corazón no deja de latir


Un sábado.

Eran las cuatro de la mañana cuando pusimos el DVD de The Hives en concierto. Llevábamos varias horas de conciertos y documentales. The New York Dolls. Neil Young. The Pogues. Ramones. Aun quedaba como una botella entera de Black Cock y habían botellas vacías en la cocina, algunas de hoy, otras de sesiones anteriores.

Esteban vivía con su hermana menor en San Pedro; ella estudia cerca, en la U. Adrián no paraba de reírse, ni Esteban. Se reían bastante duro. Nadie salió a callarnos. La hermana, por lo tanto, no estaba. Éramos sólo nosotros tres.

Viendo el docu de Ramones es imposible no llorar en las escenas finales de Dee Dee. Por más que también guardamos luto por Joey, que era un genio, era Dee Dee el que siempre nos golpeaba más duro. Algo en lo trágico de Dee Dee -su vida desperdiciada, su talento inconstante que iba y venía, sus pésimas decisiones, su incapacidad de paz, de freno, de reflexión- nos hablaba. Llorar a Dee Dee era llorarnos.

En algún momento fue lo suficientemente temprano para sentir que era seguro irnos caminando hacia la calle principal. Seis de la mañana. Saqué mi cámara Polaroid y nos tomé una foto a Adrián y a mí siendo iluminados por el sol de la mañana después de no dormir nada y tomarnos todo.

No sé aún de qué estábamos huyendo los tres, qué nos impulsó a querer borrarnos de esa manera, pero ahí estábamos, anulados y exhaustos, oyendo a los pájaros y a los pericos en los árboles de la UCR, rompiendo la más sagrada de las reglas: dejarse atrapar por el Sol. No era la primera ni la única que vez que iba a pasar.

Nos despedimos cuando apareció el primer taxi. Adrián iba para Paso Ancho, yo para Santa Marta. Fue una buena noche, de esas que años después aún recuerdo con gran cariño. Quedamos en vernos luego, para lograr intentar otra noche así de memorable, lo cual era poco probable o casi imposible. No importaba. Lo que hacíamos era perseguir esa posibilidad una y otra vez, sin relevancia alguna sobre si era una meta sensata.

Un viernes, más de un año antes de ese sábado.

La noche que conocí a Siki estábamos fuera de Tribal, cervezas en mano. Estábamos observando el rótulo de neón de Johnny Walker que adorna el techo del Cuartel, que tiene la figurita de Don Johnny caminando. Nos dimos a la tarea de calcular cuánto caminaba Johnny por noche. De alguna forma Esteban y Adrián predijeron que eso sucedería cuando Siki y yo nos conociéramos.

Siki es la contraparte de Esteban desde que estaban chiquillos, el elemento que trae balance a su vida, en cambio Adrián es el amplificador de todo lo que Esteban es. Adrián es un detonante, un instigador, en la química interior de Esteban. Ellos tienen toda la vida de conocerse y tienen sus dinámicas cuidadosamente establecidas. En cambio yo acabo de llegar a la fiesta, pero nunca me hacen sentir así. Desde el primer momento fue como si hubiese crecido con ellos y luego desaparecido unos años. Pero ahora estaba de regreso, ahora estaba en casa. Como un viejo amigo que volvía, todas las historias esperando mi llegada..

La noche que conocí a Siki fue igual, me trató como si reconociera en mí a varias personas que jamás volvería a ver y que extrañaba profundamente, con un cruce entre felicidad y tristeza. Había un lugar ya reservado para mí en su vida, guardado para mi regreso. Creo que Adrián y Esteban lo sospechaban y por eso celebraron tanto nuestro encuentro (¿re-encuentro?), aunque jamás de forma consciente, si no más bien como de forma mágica, intuitiva.

Hay secciones enteras de calendarios que unidas cuentan una historia. Épocas. De las más importantes en mi vida fue cuando conocí a Adrián, Esteban y Siki.

Un domingo, poco después de ese viernes.

Seka tocaba en el Acá Bar al lado de Sand, y en Planet Mall, en el último piso del Mall San Pedro, la misma tarde. Yo trabajaba los domingos de tres de la tarde a once de la noche, pero un par de cervezas después decidí que podían sin mí por ese día y decidí fingir una lesión, como bien me ha enseñado el fútbol. Nos habíamos despedido unas horas antes en la madrugada después de la noche anterior en la California y nos reencontramos a medio día por la Fuente de la Hispanidad. Llevábamos la fiesta viva desde la noche anterior.

Seka era la banda de Siki y Esteban desde adolescentes. Adrián tocaba con ellos desde hacía varios años, nunca de forma oficial, pero sí de manera casi permanente. Tocaba en los discos, diseñaba artes de los discos y los afiches, pero no tomaba crédito. Esa tarde nos esperaban dos maratónicas de punk, una frente a otra. El día estaba soleado y despejado.

Seka estaba cambiando. Pasaron todo el año anterior tocando versiones acústicas de su repertorio histórico y ahora estaban regresando a su set eléctrico con una visión distinta. El concierto en Planet Mall era una gran festival de ska, y Seka tenía joyas de ska en su set. Entré gratis al concierto haciéndome pasar por un músico más de la banda, con la guitarra de Esteban al hombro.

Seka se sube al escenario y toca veinte minutos de punk furioso sin hacer pausa alguna ni hablarle al público. Nada de ska. Nada de concesiones. Adrián estaba usando una máscara de lucha libre mexicana, tratando de mantener su anonimato. La gente estaba entre maravillada y perpleja. Yo estaba orgulloso y los veía infinitos, lo veía inmensos.

Un sábado cualquiera, cerca de ese primer sábado.

La rutina semanal. Estamos sentados en la acera frente a Tribal. No queda nadie en la calle. Adrián. Esteban. Yo. Tenemos vasos plásticos llenos de Johnny rojo, del zarpe que pedimos a las dos de la mañana cuando cerró el bar hace como una hora. Los pedimos dobles y siempre nos los sirven triples, sin cobrarnos más. Cucho sale exhausto de trabajar toda la noche, se desploma al lado de nosotros y se duerme recostado al poste mientras nosotros seguimos hablando y sus socios limpian el bar. Pasadas las cuatro es hora de partir.

Caminamos cien metros, pasamos frente al Magaly hasta la esquina que queda en Avenida Central. Dejamos pasar decenas de taxis hasta que por fin el cielo pasa de azul oscuro a un tono parecido al cobalto. Es hora de partir. Repetimos este ritual unas cien veces a través de años mágicos en que nuestras vidas se sentían como callejones sin salida.

Aun no logro entender exactamente de qué estábamos huyendo, pero si logro recordar en mis mejores días con qué estábamos soñando.

Un viernes de tantos.

Tengo los viernes libres. Adrián llega a casa antes que anochezca, como a las cinco de la tarde. Sacamos discos y nos sentamos a escuchar atentos. Adrián tiene un six-pack y una pacha de guaro que usa para potenciar el impacto. Tengo un six de Pilsen y unos discos nuevos. Cuando son las nueve de la noche ya no queda cerveza y es hora de irnos hacia Tribal.

Me cuenta que ha estado escribiendo canciones. No las electrónicas con samples de películas mexicanas que me pone a escuchar con sus audífonos usualmente, si no otras canciones más delicadas, que hablan de cosas que nunca mencionamos en voz alta.

Hacemos, sin saberlo, inventario de todos nuestras metas sin cumplir. El primer repaso de la noche. El segundo será con Esteban cuando aparezca. A veces me pongo triste y le hablo de mi papá, que tengo varios años de no ver. Él a veces se pone feliz y me habla de su abuelo. Luego llega Esteban, que cuando está feliz está feliz y cuando está triste está feliz. Siki dice que Esteban es así, que a veces prefiere confundir la tristeza con hambre o la soledad con frío.

A pesar de estos malos hábitos y rituales de extinción, nos cuidamos entre nosotros. Creo, de hecho, que nadie me cuida como ellos ni percibe tan claramente lo aislado que estoy. Sólo me siento acompañado cuando estamos hablando de cosas maravillosas que nos hacen sentir lo mismo, sin nunca señalar que es como nos hacemos sentir entre nosotros.

Los otros viernes, mucho después.

No siempre puedo estar presente en los ensayos. A veces llego con Adrián y Esteban el viernes y nos vamos hasta el domingo en la noche. Entre todos cocinamos y compramos cosas. Entre todos molestamos a Esteban que pasa coqueteando con muchachas desde la computadora de Siki.

Los fines de semana se han convertido en maratones que dejan bolsas llenas de latas vacías. El viernes en la noche salimos a Tribal, luego ensayo de Seka en la casa de Siki el sábado en la tarde, luego Tribal otra vez, luego ensayo en la casa de Siki de nuevo, pero esta vez de las canciones de Adrián. Hay como seis, todas giran alrededor de lo mismo. No hay nombre para la banda, ni una fecha de lanzamiento. Sólo están las canciones y un puñado de covers que nos provocan sensaciones parecidas. Soy la única persona que no toca un instrumento, pero creo que soy el que mejor memoria tiene y el único que se está preguntando ¿qué significa todo esto?

Una noche especial.

Debuta Continental en la Calle 15. Esteban dice esa noche que es el comienzo de una nueva era, inspirado en una conversación que tuvimos al respecto unas noches antes. Lo que no tomé en cuenta es que cuando una era nace es porque otra se acaba. San José intentó matarnos y no pudo, pero la amamos igual. Pensamos en algún momento que Continental era la culminación de nuestros peores instintos, el gran botón rojo que finalmente soltaría una bomba atómica sobre nuestras vidas, arrasando con todo, pero no fue así.

Continental fue nuestro gran triunfo, el momento en que logramos no quebrarnos y construir algo con nuestras historias. Fue el momento en que -gracias a ellos- dejé de odiarme lo suficiente para imaginar opciones, para sentir que merecía algo mejor de lo que me daba mi mismo. Continental fue eso, fue la primera escalera fuera del foso. Nunca más como grupo, como familia, como unidad, estaríamos tan comprometidos con nuestra anulación. Las nubes empezaban a partirse.

Esa noche lloré un poco. También en los otros conciertos, usualmente cantando algo. Creo que no era el único, alguna vez los vi limpiarse la cara. Muchas veces escondimos nuestro dolor entre la multitud y las luces, pero ahora escondemos nuestro triunfo.

Epílogo: un jueves cualquiera.

Hace muchos años en uno de los primeros conciertos Adrián presentó una pieza del repertorio con una breve introducción. Se llamaba “Todo Nos Pertenece” en honor a Kerouac, comentó que estaba inspirada en noches sentado en la acera frente a Tribal conmigo y con Esteban. Unos meses después cerraron Tribal. Luego se separó la banda por primera vez y tomamos algo de distancia. Ordenamos nuestros asuntos, avanzamos hacia cosas que siempre quisimos. Nos dejamos de hacer tanto daño y optamos por estar despiertos.

Luego la banda se reformó, pero ya no era lo mismo, no sonaba igual. Aunque la belleza estaba intacta y la honestidad se mantenía cruda, estábamos en otro momento. Estábamos creciendo a pasos agigantados y ellos creativamente no podían sincronizarse en medio de tanto cambio, de tanta transformación. La canción desapareció del repertorio. La banda se fragmenta de nuevo.

Hace cinco años, tras un marcado silencio, Continental hizo una tregua el tiempo necesario para sacar un disco cuatro años después de grabado. Están todas las canciones de la banda, menos esa. Acto seguido grabaron una canción completamente diferente usando ese nombre, sobre otra gente en otros lugares. Inmediatamente después Continental se separó de forma definitiva.

Después de eso nos vimos como en sub-unidades durante un tiempo, en pequeñas dosis controladas, nunca coincidiendo todos.

Pero el tiempo pasa, seguimos creciendo y ya no queremos extrañarnos tanto.

f.

Esta mañana Golondrina Records lanzó de forma digital la grabación original de Todo Nos Pertenece, realizada por Leo León en los studios de Radio U en el 2006. Pueden escucharla acá.

jueves, 21 de mayo de 2015

Perra Pop Presenta: Seka (acústico)


Tuve roles formales en las bandas con las que trabajé: Bruno Porter, Exnobia, Nada, ESimple. Relaciones estrechas con otras, como en el caso de Los Waldners y Detectives Salvajes, pero nada formal, sin voz ni voto, sólo gran cercanía. Es gente que quiero, gente importante en mi vida. Con Seka no necesito un rol oficial, soy uno de la familia. Para ser preciso: uno de ellos. Fue igual con Continental, fuimos un núcleo brillante e indivisible mientras duró. Seka es la banda de mis hermanos, con quienes aprendí cosas de mí mismo que nunca imaginé, con quienes viví la odisea de hacerme adulto y de soñar en conjunto, de conocerme y aceptarme. Algunos siguen tocando ahí, otros -al igual que yo- nunca fueron músicos pero son compañeros de viaje y sangre; otros crecieron hacia otros lugares, pero somos hermanos igual: Taco, Poveda, Louie, Moritz, Max, Kius, Leo, Sandra... Los lazos se mantienen intactos, fuertes. Nada de lo que van a leer a continuación es objetivo. No me importa que lo sea. No con Seka.


Cuando se juntaban los miembros de Seka y UFO a prensar guaro con birra hasta la madrugada a finales de los 90, lo que sonaba en los parlantes era lo usual: Clash, Rancid, Social Distorsion... Con el tiempo otras cosas se fueron colando en el playlist: Johnny Cash, Bob Dylan, Neil Young, Lou Reed... El vocabulario se extendió ferozmente. Ellos tenían gustos diversos desde adolescentes, pero de alguna forma no eran gustos de consenso, ni les provocaba urgencia como creadores. Se habían aliado alrededor del núcleo del punk y durante mucho tiempo eso fue suficiente como puente y punto de encuentro.

Durante muchos años el punk local vivió anclado entre "la vieja escuela" (punk '77, punk español) que tenía raíces clásicas y "la nueva escuela" (punk herediano, hardcore) que tenía su origen sónico en el Washington DC de los 80 y el sur de California de los 90. Bandas de punk fuera de estas corrientes tenían la imposible labor de encontrar un espacio propio y terminaban desapareciendo, seriamente desgastadas en corto tiempo (Psicodelisca y Pidgines fueron excepciones notables). El panorama del punk era cerrado y estricto.


A principios de los 2000, Mauricio Fernández (Moritz) y Pao Durán logran asociar un grupo de bandas jóvenes con el sonido "vieja escuela" bajo un sello llamado precisamente Vieja Escuela, para producir sus propios eventos y difundir su trabajo. La estética plástica de Vieja Escuela -desarrollada en su mayoría por Adrián Poveda- mostraba un vocabulario más cercano al rockabilly y al rocanrol de los 50, cada vez más lejos de los estándares tradicionales de la escena costarricense. Fue una de las primeras señales visibles del desarrollo de una identidad nueva dentro de una corriente establecida. Otra evidencia sería el concepto mismo del Atomic Diner de Christian Montero -vocalista de UFO- modelado como un café gringo de los 50 con estética hot rod, que contaba con murales de Poveda. Algo se estaba gestando y estas eran las primeras evidencias palpables.

A pesar de claras influencias de rocanrol clásico entre algunas de estas bandas de "la vieja escuela" durante estos años, aun ninguna banda en ningún género abrazaba -sin ironía- la estética musical rocanrolera que hacía décadas se había abandonado en Costa Rica. Eso se reservaba para bandas de covers y tributos. Una de estas bandas de covers fue Psicópatas, un grupo que armaron Esteban, Moritz y Poveda para "sacarse las ganas" de tocar algo de las nuevas influencias y alejarse del punk; se limitaron a conciertos pequeños en casas y algún bar, casi un ejercicio estilístico en country y rockabilly. Fue insuficiente y solo los calmó por un tiempo. Aparte de eso, ninguna banda punk -que siguiera siendo punk- había tomado la arriesgada decisión de explorar una estética más matizada e introspectiva, mucho menos confesarse folk. 


Finalmente los miembros de Seka y UFO se sintieron ahogados por la estructura rígida y estricta que caracterizó a la escena local, que permitía solo un crecimiento limitado entre sus músicos. Si algo se salía demasiado de lo considerado "punk", se veía como el primer paso hacia una comercialización vulgar o una maniobra aspiracionalista de músicos que querían transicionar hacia el metal o el progresivo, o -en el peor de los casos- ambos. Tocar covers en una banda que no tomaban en serio no era suficiente. Seka decidió mezclar la estética del rockabilly, el folk y el rocanrol preparada para lo peor, preparada para ser considerada "suave", "vendida" o "traidora". No obstante los riesgos, su prioridad era mantenerse creativamente honestos, y las herramientas estéticas del punk y el ska eran insuficientes para articular lo que querían decir.

Fueron trazando su plan tomando whisky en vasos plásticos frente a Tribal: hacer un set limitado, concreto, corto. Usar canciones populares del set de Seka para que no sonara tan ajeno. Darles aire, dejarlas respirar. Todo tenía sentido, pero a la vez se sentía como una especie de suicidio colectivo.


En el 2004 se metieron a ensayar Esteban, Siki y Taco (Diego García) de Seka con Poveda y Moritz de UFO. Ellos dos tocaban intermitentemente con Seka, pero esta vez su influencia sería decisiva y su rol uno oficial. Bajo la dirección del gran cronista del rock nacional, Leo León y con la ayuda de Sandra Angulo, se grabaron las Sesiones Acústicas en los estudios de Radio U. Se daba un paso firme fuera del punk y hacia territorios vírgenes, sin garantía alguna de si su público iba a querer seguirlos hacia allá.

La salida del disco marcó un momento de cambio para los miembros del proyecto y disparó la imaginación de la escena de punk nacional, abriendo todo tipo de puertas. En vez de ser recibido como una aberración, las Sesiones Acústicas fueron consideradas un punto de partida para toda una generación de jóvenes músicos de las escenas punk y alternativas. En ese momento Seka trascendió sus raíces como una banda de nicho y se convirtió en un fenómeno fuera de su género, a la vez el punk nacional demostraba que tan lejos podía llegar y la riqueza musical que incubó durante años.

El set no tenía el contexto necesario para existir en las pobladas maratónicas de ska y punk que llenaban conciertos los fines de semana, entonces llevaron su trabajo al circuito de bares y teatros capitalinos que programaba conciertos de música alternativa entre semana, exponiéndolos a públicos en su mayoría desconocidos. Por eso muchísimas bandas indie y alternativas actuales citan a Seka como una influencia decisiva, por este momento en que se dejaron mezclar con las demás corrientes fuera de su tribu.


Esta etapa acústica de Seka coincidió con el nacimiento de Los Acetatos, con quienes compartieron varias influencias estéticas y musicales. La llegada de ambas bandas al circuito de bares de la capital anunció un cambio importante en la escena alternativa, que se consolidó un corto tiempo después con la llegada de otras bandas pioneras. Unos meses después, Poveda, Siki, Esteban y Moritz reconvinieron para desarrollar material nuevo, en su mayoría escrito por Adrián. Moritz participó en el proyecto durante los primeros ensayos -unos tres meses- antes de abandonarlo y ser reemplazado por el nuevo baterista de Seka, Louie Imbach. Eventualmente este proyecto se convirtió en Continental. Moritz por su lado fundó Los Cuchillos. El resto es historia.


En el presente, Seka está conformado por Alejandro "Siki" Imbach (Continental, Los Merlot) en los teclados, Vilmer López (Demorama, Macua) en la guitarra, Joaquín Tapia (Jippo) en el bajo, Esteban Rodríguez (Continental, Los Merlot, Juvenal) en guitarra y voz y JP Retana (Tropa 56, Macbeth, La Necia) en la batería. Tal vez la alineación más pulida y virtuosa que ha tenido la banda.

Seka - América Va (2000)
Seka - Cantar Opinando (2002)
Seka - Sesiones Acústicas (2004)
Seka - Folklore para un Nuevo Mundo (2006)
Seka - Adiós Futuro (2010)
Seka - Canto Primal vol. 1 (2012)
Seka - Canto Primal vol. 2 (2013)
Varios - Dele Viaje (2013)
Seka - El sur aún resiste (2015)

Seka en bandcamp.
Dele Viaje en bandcamp.

miércoles, 22 de abril de 2015

Perra Pop Presenta: Esteban Rodríguez Zamora



Con una guitarra en la mano desde los 10 años, el turrialbeño debutó con Dulcinea -su primera banda- en la legendaria Rana (The Horny Toad) en Marzo de 1995, cerca de su cumpleaños número dieciocho. Dulcinea se convirtió en Seka en Mayo de 1996 y el resto es historia. Un cuerpo de trabajo construido a través de viente años y una obra que habla por si sola es su única carta de presentación necesaria.

Un pie dentro de la capital y el otro firmemente plantado en el escenario rural que lo vio nacer, Esteban contó con la bendición de tener una familia musical y un padre folclorista. Este choque entre el concreto y los zacatales, entre el rock y el folclor, y entre lo urbano y lo rural tiñen toda su obra, son el núcleo contradictorio que lo alimenta y donde se forja su estado permanente de outsider sin importar donde esté.

A pesar de sus dos décadas de trabajo continuo e ininterrumpido con Seka -algo verdaderamente digno de admiración-, Esteban ha participado en distintos proyectos que han alimentado y nutrido su repertorio: Continental, Colegialas Asesinas, Los Merlot... cada uno apelando a un lado diferente de su creatividad y al mismo tiempo trayendo influencias frescas a su primer amor, que sigue mutando y transformándose, manteniéndose vigente y activo.

Actualmente atravesando grandes cambios en su vida privada, Esteban se mantiene infatigable y fértil, trazando con su obra un camino digno de seguir por las siguiente generaciones. Para este año prepara con Seka un esperadísimo disco nuevo y al mismo tiempo afina lo que será el debut de su nuevo proyecto, Juvenal.

Seka - América Va (2000)
Seka - Cantar Opinando (2002)
Seka - Sesiones Acústicas (2004)
Seka - Folklore para un Nuevo Mundo (2006)
Continental - Adiós (2010)
Seka - Adiós Futuro (2010)
Varios - Si, San José (2011)
Seka - Canto Primal vol. 1 (2012)
Seka - Canto Primal vol. 2 (2013)
Seka - El sur aún resiste (2015)

Seka en bandcamp.
Continental en bandcamp.
Sí San José en bandcamp.

Perra Pop Presenta



Bueno, esto ya lleva varios días en redes sociales, pero me parece importante que quede constancia acá también.

Perra Pop Presenta es un ciclo de conciertos curado y producido por Fo Leon, a realizarse todos los jueves en El Lobo Estepario.

Sonido: Es un concierto hecho exclusivamente con backline: amplificadores y una planta de micrófonos para las voces. Algunos serán acústicos, otros serán eléctricos y escandalosos. Los amplificadores los ponen las bandas, la planta de micrófonos corre por cuenta del Lobo Estepario. El sonidista para las primeras fechas es Daniel Ortuño.

Espacio: Es un salón en el segundo piso, que no pasa de 75 personas de capacidad. Está cerrado y cuenta con aire acondicionado para mantenerse fresco y ventilado. La acústica es excelente por esto mismo.

Horario: La hora oficial de arranque es 9pm, con dos bandas por fecha. La primera banda arranca a más tardar las 9:30pm y la segunda a las 10:30pm, puntual y sin excepciones. La prueba de sonido es de 7pm a 8pm, también sin excepciones. Antes de medianoche el público podrá estar camino a sus casas, o empezando su aventura entre los diferentes espacios que ofrece la ciudad.

La idea: aprovechar el espacio y las condiciones para crear un evento íntimo y personal, con un riesgo económico mínimo para las bandas participantes y que impacte positivamente las relaciones público/artista.

La plata: El costo de la entrada para Mayo es de 3mil colones, 500 de los cuales son para la organización para cubrir gastos de publicidad, desgaste del equipo y cualquier otro costo que pueda surgir. Los 2,500 restantes son para las bandas y se divide a la mitad de forma equitativa (1,250 para cada banda por cada persona que entra pagando).



El evento de lanzamiento será con Chepe Esquivel (Solocarne, Savia), Adrián Poveda (Monte, Continental) y Esteban Rodríguez (Seka, Juvenal) tocando un set acústico este jueves 23 de Abril. Esa misma noche se anunciará el cartel para el mes de Mayo, con las ocho bandas para las cuatro fechas confirmadas.

Nos vemos,

f.