martes, 2 de junio de 2015

Perra Pop Presenta: 11:11


El rock costarricense no es terreno fértil para prósperas carreras profesionales, no es una industria madura que premie el sacrificio de las bandas con dinero y reconocimiento. He visto muy pocos casos donde músicos se mantienen exclusivamente a través de su arte. Algunos pocos que hacen una aproximación a eso se mantienen ofreciendo servicios complementarios como ofrecer equipo profesional de sonido para conciertos, tocando covers, dando clases, manejando la distribución de discos de varias bandas a la vez, armando un estudio de grabación de audio, algunos como dueños de bares donde se hacen conciertos, etc.

En resumen: una carrera en el rock nacional está plagada de sacrificios y sólo casos muy específicos van a poder romper con las leyes naturales de la gravedad y llegar a un punto donde pueden flotar en el espacio y darle dedicación exclusiva a su arte. Estar en esta situación va más allá de tener éxito, es estar viviendo un sueño.

El medio es tan hostil que podemos re-definir lo que es una banda con éxito. Las bandas con éxito van a poder mantener su carrera con la plata que entra por conciertos y venta de mercadería. Por mantener quiero decir: van a poder costearse la grabación de discos, el mantenimiento de su equipo, el transporte -nacional o internacional- y la alimentación sin tener nunca que tocar sus propios bolsillos. Esto es considerado un éxito abrumador.

La vida de una banda con un nivel decente de logro consiste en mantenerse con plata que va entrando poco a poco por conciertos y mercadería, complementado con plata de sus ahorros y su vida profesional no-musical. Es bien brutal, pero es la realidad concreta de la mayoría de bandas que viajan al extranjero, que hacen videos y salen ocasionalmente en la radio o que abren conciertos internacionales. Gastarse sus propios ahorros, pero no todos. Tener suficiente libertad para vivir cómodamente de su otro trabajo y que la música no demande mucho más de lo necesario, que se acerque lo más posible a ser auto-sostenible -pero jamás soñar con pagar la renta con ella-.

Es por esta razón que perdemos tantos músicos brillantes cada año, gente que decide que el sacrifico es demasiado o que se da cuenta que sus expectativas son demasiado altas para lo que el medio puede dar. Personalmente no juzgo ni culpo a ninguno de los músicos que decide retirarse al no poder manejar la frustración o el desgaste de una escena tan demandante. Es lo que es. Si sus sueños no están acorde a la realidad, es mejor dar un paso atrás y dedicar su energía a otra cosa. Lo he visto pasar decenas de veces, siempre es un poco doloroso, pero es coherente y tiene total sentido.


Ahora, hay sueños de sueños y hay creadores de creadores. No todas las bandas sueñan con salir de pobres tocando ni les interesa la aclamación de las multitudes. Algunas bandas solo quieren tocar, crear y dejar evidencia de su paso por los escenarios, sin importar el costo. Algunas bandas tienen mucha claridad de los alcances de la escena nacional e internacional, saben hasta donde se puede llegar y están bien con eso. Lo suyo no es una carrera profesional corporativa, ni una versión indie-rock de ser un médico exitoso. Se ven a si mismos más como un Vincent Van Gogh y menos como un Romero Britto.

Hay bandas que lo que quieren es dejar un cuerpo de trabajo, que quieren seguir tocando mientras haya gente interesada en los puentes que crean con su arte. Hay bandas que tocan porque no lo pueden evitar. Estarían felices haciendo cualquier otra cosa, estarían mejor si no tuvieran ese fuego en la panza que los obliga a crear y ponerse en un escenario una y otra vez tratando de crear esos hilos invisibles que logra reunir a extraños y hacerlos sentir que comparten algo.

Estas bandas están formadas por artistas que no se engañan con las promesas y juegos de espejos que se ven en los medios de comunicación, las expectativas de los grupos de management y en las falsas mitologías de bandas extranjeras. Conocen las limitaciones económicas de la escena, las asumen con paz y serenidad. Lo suyo es crear. Que su música llegue lo más lejos posible, pero sin creer que esto significará algún cambio de estatus socio-económico.

Cada generación va dejando unos cuantos de estos artistas. Conscientes. Lúcidos. Aterrizados. Estos se convierten en los mentores de las siguientes generaciones. Van heredando tradiciones y redes de contactos. Usualmente sobreviven a sus primeras bandas y se van agrupando en bandas nuevas, poco a poco dejando atrás a quienes tienen otras prioridades o necesidades.

Esos artistas son los que más enriquecen nuestra escena. Son los que traen adentro la historia y la identidad de un medio que no tiene ninguna, los que guardan las memorias históricas, los que han visto la marea subir y bajar una y otra vez. Bertolt Brecht los llamaría "imprescindibles". 11:11 está formada por tres de ellos.


En 1994 mi novia de entonces me señaló a unos maes mayores que nosotros en una fiesta en Carmiol. Ellos tenían una banda, me dijo, les decían Los Malosos y eran todos de la Humboldt; es un recuerdo borroso que nunca he confirmado con nadie más. Aunque sólo tocaron covers, Los Malosos son una banda tan históricamente relevante, como lo fue Orson o Nostalgia Culinary. Según la leyenda, los Malosos eran Moldo en el bajo, El Malo en la guitarra, algún vocalista cuyo nombre siempre olvido, y Fico en la batería. Moldo eventualmente sería parte de Flores Muertas, Amplexus y Evolución mientras que El Malo le daría al mundo La Nueva P. Fico por su lado fundaría El Parque, banda legendaria que destacaría por ser la primera de su generación en arrancar exclusivamente con material original y que supo desde el primer momento la importancia de tener management. Entre 1995 y 1998 el Parque fue la banda más grande de Costa Rica y la primera banda de su generación (la generación Nikos) en ser considerada un éxito. Fico, conocido legalmente como Federico Dörries, sobresalió dentro de la banda por tener un rol creativo que sobrepasaba los roles tradicionalmente esperados de un baterista. Un compositor nato, los períodos de actividad de El Parque serían determinados por su presencia dentro del país.

Hablando de El Parque, la primera vez que supe de Andrés Calvo fue en 1999 cuando El Parque grabó su tercer disco en estudio. Primo del guitarrista Inti Picado, Andrés fue el tercer vocalista de la banda y tuvo ese rol por un período breve, hasta la separación oficial de la banda ese mismo año. La aclamada sensibilidad pop clásica de El Parque fue un contraste marcado a la estética experimental y libre que Andrés mostraría por el resto de su carrera. Poco después de El Parque, Andrés entró como segunda guitarra de Sensores en 1999, banda que reunía exmiembros de Polyfusión con Leo León y Roy Rodríguez. De ahí nació SensorTrifulcador en el 2002, una modificación sobre esa misma base que estaría activa durante muchos años, con gran reconocimiento en los círculos musicales nacionales. Se habla también de una pasantía en Raza Bronce en algún momento de su carrera, pero nadie logra encontrar evidencia fotográfica. Eventualmente Andrés fundaría 11:11 en el 2008 como un proyecto solista, siempre siguiendo su musa, llenando todos los espacios con su espiritualidad desbordada.

Imposible hablar de Polyfusión sin mencionar a Genfin Jiménez. Fue por esta banda que nos conocimos en 1997, en un concierto de Bruno Porter con Polyfusión en el Teatro Eugene O'Neil -Genfin tenía las mejores patillas que había visto en mi vida, un respeto-. Para entonces llevaban un año tocando en público y no existían bandas que sonaran siquiera parecido. Las influencias de Polyfusión eran de todo menos populares, una mezcla única de shoegaze, noise y brit-pop oscuro, adelantadísimos a su tiempo. Verlos era presenciar un milagro, sobre todo en los años desérticos entre la muerte del Café de los Artistas y la llegada de Area City. Luego de su colapso en 1999, la banda se reinventa como Sensores, que luego se reinventaría como SensorTrifulcador en el 2002; eventualmente algunos miembros de SensorTrifulcador fundarían el proyecto Poper y mantendrían las dos bandas funcionando simultáneamente y entrelazadas -piensen en Parliament Funkadelic como un antecedente de esa dinámica-, con un público fiel y constante. Eventualmente SensorPoper acabó su vida útil. Aparte de esta presencia constante en los escenarios, Genfin fue una pieza indispensable en la Era Dorada del Lobo Estepario durante el 2010-2011, cuando la generación de Sí, San José rompió fuente.

En Noviembre del 2012, en el 20 Aniversario de El Parque, 11:11 deja atrás su vida como proyecto solista de Andrés y nace como banda. Tratan con bateristas distintos -Franco Valenciano (Monte), Fabián Méndez (Raging Bull Leather Jacket)- mientras buscan consolidar su sonido. Eventualmente la alineación cuaja: Andrés en la voz, guitarra y secuencias; Genfin en el bajo; Fico en la batería y secuencias. 11:11 se distingue por tener un claro norte humanista, una ambiciosa espiritualidad secular. Una banda de indispensables con el corazón abierto, haciendo música porque no hay otra forma de vida. Claros en sus expectativas y sus metas: compartir el sonido, no dejar pasar el tiempo, no perderse dentro del ruido. Sentir, nunca sentir en vano. Dejar evidencias, sanar con música, tejer hilos para unirnos. Salvarse ellos. Salvarnos a todos.

11:11 - Este Momento (2012) (Andrés Calvo solista)
11:11 - Eleven La Bondad (2013)
11:11 - Hijo De La Madre Tierra (2014)

11:11, sitio oficial.
SensorTrifulcador, sitio oficial.
Poper, sitio oficial.
11:11 (Andrés Calvo solista) en bandcamp.
11:11 en bandcamp.