martes, 12 de mayo de 2015

Perra Pop Presenta: Los Acetatos


Antes de Alta Costura, Continental y Los Cuchillos, estaban Los Acetatos. Antes de Jackie Oh, Las Robertas y Detectives Salvajes, estaban Los Acetatos. Antes de Zópilot, Niño Koi y el disco acústico de Seka, estaban Los Acetatos.

Los primeros en décadas en no tener un sonido que derivara del idilio costarricense con el progresivo y con el grunge o el nuevo romance con la electrónica, los primeros en no ser herederos del alternativo noventero ni sub-productos del nu-metal de su época, no eran punk ni hardcore ni eran góticos ni tocaban ska... eran rockeros indie con estética de garaje y un gran amor por la historia del rock, sin nostalgias ni tributos a eras pasadas. Eran Los Acetatos, la primera banda del alternativo costarricense contemporáneo.

Antes de llenazos multitudinarios durante los fines de semana, antes de ser el epicentro de la juventud políticamente progresiva de la capital, antes de ser el punto de reunión de la lucha contra el TLC afterhours, y ser asociada en el imaginario capitalino con música alternativa, cineastas, bailarines y el teatro... antes de ser La Chicha... la Chicharronera Rancho Alegre era un restaurancito familiar bastante modesto, con una fiel clientela capitalina entrada en años y una reputación maravillosa por su comida. Los Acetatos cambiaron eso -menos la reputación maravillosa por la comida que se mantiene intacta- y fueron la punta de lanza para convertir La Chicha en el referente generacional que fue en su era dorada.

Debutaron ahí en el 2004 en un concierto auto-gestionado, luego de que Don Miguel -su dueño- por alguna razón desconocida se apiadara de este quinteto de flacos y viera en ellos algo que aun nadie veía. La Chicha no era lugar para conciertos antes de eso, no era un lugar para gente joven, de la misma forma que el CBGBs tampoco era relevante para la juventud neoyorquina antes que Television lo pusiera en el mapa, era sólo un bar para señores en medio de la ciudad. Si damos un par de pasos atrás se revela el patrón. El error fue asociar a los Acetatos con los Strokes o los Hives, pensar que eran una moda pasajera inofensiva y no entender que tenían raíces mucho más profundas, que le debían lealtad a tribus más antiguas. Las reglas habían cambiado. Los Acetatos podrán tener una aproximación inocente a su música y a sus decisiones de carrera, pero tienen un conocimiento enciclopédico de la historia del rock. También entienden muy bien la capacidad -y la necesidad- de transformación que este tiene.


La primera vez que supe de ellos fue por un afiche pegado a un poste frente a Tribal, en Barrio La California, en el 2004. Yo estaba tomándome una cerveza en un vaso plástico en la acera con Adrián Poveda, nuestro ritual de fin de semana. La estética del afiche era casera, por ponerlo de alguna forma. Una fotocopia borrosa de una fotografía con rotulación hecha a mano, anunciando un concierto. Traté de arrancarlo y llevármelo pero estaba pegado con goma. Los maldije. Durante esa misma época una Paola Rogue adolescente recibió un afiche personalmente de manos de la banda, que repartía volantes en una esquina.

La noche que finalmente escuché a los Acetatos fue en el Teatro Calle 15. Se veían como una pandilla, actuaban como una pandilla. Las referencias y los guiños en su música recorrían la segunda mitad de un siglo recién acabado. Noté pinceladas de Lou Reed, de Thin Lizzy, Little Richard, de Joy Division y hasta de los Voidoids. A la banda le faltaba mucho ensayo aun pero todas las ideas estaban ahí, amontonadas como apuntes tomados a la carrera. Las canciones generalmente arrancaban con una estructura pop perfecta, con un groove ideal y definido que sería destruido totalmente al llegar el tercer acto, donde procedían a un freak out psicodélico que terminaba en una canción totalmente distinta a la planteada originalmente. Ferozmente auto-indulgentes, su show era un derroche de ideas sin filtrar que repetían más allá de la paciencia de cualquier público. Las letras eran caprichosas, subversivas y llenas de alusiones a su propia mitología urbana. Por cierto, en ese momento Calle 15 tampoco era un lugar que las bandas frecuentaran, eso lo sería luego. Nuevamente: vemos un patrón. Esa noche -antes y después del concierto- sonaba un disco con una selección musical hecha por la banda para ambientar el evento, un desfile de joyas de la tradición más subversiva del rock que iba desde los Velvet Underground hasta New Order. Después de cruzar unas palabras y presentarme ante la banda, me llevé el disco a la casa.


Originan de la clase media de San José, con una obsesión por la pureza callejera. Varias veces tocaron en la legendaria Mini Taberna donde ninguna banda joven siquiera se acercaba, tratando de encontrar los orígenes obreros del rock costarricense y al mismo tiempo disfrutando de los sets del mítico disc jockey Aramis. La primera vez que escuché a los históricos Hermanos Vargas fue cuando Los Acetatos tocaron con ellos en una mini-gira informal por chinchorros y cantinas, presentándolos ante una nueva audiencia. De esa gira destaca un show en Aca-Bar compartiendo tarima con Seka, que se presentaba en su formato acústico. El set acústico de Seka era el único par que tenían Los Acetatos en toda la escena en términos musicales y de actitud.

Los Acetatos partieron las aguas y polarizaron a la escena, de la misma forma que lo haría Alta Costura unos años después. Creo que lo siguen haciendo, la gente o los entiende o no. Simple. La escena musical costarricense estaba obsesionada con el virtuosismo y la pureza del sonido, y de repente llegan estos flacos espantapájaros declarando que la prioridad es otra: la prioridad es como la música hace sentir, la energía con la que se interpreta, la actitud y lo que el sonido evoca, no la cantidad de acordes que se meten en una composición ni la afinación perfecta. Nunca más eso. Me acuerdo de tener discusiones animadas con Abidán Moraga (ESimple, Papín y los Perrobots) y con Daniel Ortuño sobre cual sería la mejor forma de grabarlos sin quitarles el crudo poder que demostraban en persona. Eventualmente alguien averiguó por nosotros en el 2006, cuando salió su disco debut luciendo una hermosa serigrafía de Mauricio Poveda en la portada.


Son unos grandes inconformes y eso tiene un precio. A pesar de tener grandes apoyos -la época de Darren Mora como manager, la temporada electrizante de Claudio Vidor en la guitarra, el período con Autómata, las sesiones recientes con Daniel Ortuño- siempre lucharon por mantenerse sin compromisos y sin ataduras, fieles a sus instintos y leales a quienes les tienden la mano sin pedir nada a cambio. Tampoco fueron mentores de ninguna banda emergente ni se interesaron en crear comunidad fuera de su núcleo original. Por eso mucha gente desconoce su relevancia o trata de reclamar el lugar que justamente le corresponde solamente a Los Acetatos. Sus sueños nunca han sido de grandeza si no de unidad: ellos cinco, juntos. Yita en la voz, Diego en el bajo, Elías y Leo en las guitarras, Oscar en la batería. Ellos son, fueron y serán Los Acetatos.

Los Acetatos - Sept Splash (2006)
Los Acetatos - Los Acetatos (2010)
Los Acetatos - Anguila Nigeria (sencillo) (2014)
Los Acetatos - Serpiente (sencillo) (2014)

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