domingo, 12 de julio de 2015

El Otro Mundo, de Monte.


¿Cuánto tarda la selva en recuperar algo? Las casas abandonadas en nuestros barrios ¿cuánto tarda el bosque tropical en reclamar el espacio, el verde en invadir las paredes y manifestarse entre las grietas del pavimento? ¿Cuánto tarda la naturaleza en reclamar los espacios que tratamos de robarle, en nuestra arrogancia y seguridad progresista?

Más importante ¿cómo afecta todo esto nuestro arte? ¿nuestro ímpetu creativo? Apenas robarle tiempo a la ola entrópica, creando burbujas que nos sostengan suspendidos brevemente en el aire antes de ser arrasados de nuevo por el caos.

Monte entró a grabar este disco como dúo y salió hecho un trío. En el camino lanzó el sublime sencillo San José, que acompañado de un video/documento sobre nuestra ciudad, se convirtió en un manifiesto artístico-político de la banda capitalina, un acto de resistencia ante la corrientes homogenizantes de la modernidad.


Curiosamente, y para la sorpresa de nadie, lo que ha vuelto relevante a Monte en el debate artístico musical iberoamericano, más allá de su composición sofisticada y ejecución electrizante, es lo transparentes y consecuentes que son con el amor a su ciudad y su lugar en el mundo, con su música y sus líricas repletas de referencias culturales y personales. No hay ni un solo gesto creativo en Monte que esté destinado a disimular su lugar de origen ni sus experiencias como latinos, como centroamericanos ni como costarricenses. No se trata de ser representantes del folclor local, si no de asumir que su experiencia como citadinos costarricenses es totalmente única e irrepetible, y por ende importante. Hablan de esta vivencia libremente, documentando las contradicciones y epifanías de millón y medio de ciudadanos que hacemos de San José nuestro hogar, donde la ciudad se come el cafetal y la selva se traga la ciudad; donde todos participamos en este intento colectivo de crear un momento de inmortalidad que luego se llevan las lluvias.

No obstante, a pesar de seguir el mismo hilo narrativo, su nueva producción hace un contraste violento y profundo con el sencillo San José que la precedió hace unos meses. Donde San José era visceral e inmediata, punky y combativa, El Otro Mundo es introspectivo y pausado, y en momentos específicos se vuelve cerebral y complejo. Lados complementarios de una misma moneda. El Otro Mundo cumple con una promesa hecha previamente por Monte, pero tal vez no es la promesa que su público esperaba. No extiende las texturas agresivas, catárticas y -para efectos prácticos- bailables de sus presentaciones en vivo, si no que desarrolla la emotividad y delicadeza que dejó entrever al grabar una versión de Por Su Pelo -original del artista español Fajardo- hace unos años.

Monte ha logrado esa rara proeza de lograr que material que compartió con su público durante los últimos dos años suene fresco y absolutamente relevante de nuevo. Que suene vital. El Otro Mundo se siente como criatura totalmente aparte de sus versiones en vivo. Experimentar una no reemplaza el experimentar la otra. Es completamente nueva y está repleta de promesas para el futuro.


El disco abre con la épica psicodélica La Luz, con solo de guitarra incluído cortesía de Marco Alfaro (Zópilot!), que desvía la atención del contenido del resto del disco al construir expectativas de un disco tradicional y rockero. A la vez actúa como una especie de puente temático entre el punk ramonero que antecedió a este lanzamiento, y el espacio sutil y etéreo que inundará el resto del disco.

El Descenso de los Voladores es lo que suena más cercano al sonido tradicional de los trabajos pasados de Monte, pero con el contenido lírico claramente plantado dentro de la temática que ha estado preocupando más a la banda en tiempos recientes, un fiel contraste entre forma y contenido. De paso es uno de los vitrinas más vibrantes de la nueva herramienta en su arsenal: el bajo de Pablo Rojas. Cualquier duda sobre su lugar en la banda queda disipado en menos de tres minutos.

La versión original de Cuevas es la pieza principal del disco, una marcha fúnebre cuyos sonidos y arreglos modernos contrastan con su origen en la geografía imaginaria Maya. Tal vez de las letras más sutiles y conmovedoras de Monte hasta el momento, repleta de capas y capas de interpretación y de intención. De esas obras que uno sabe que va a entender de formas completamente distintas al ir pasando los años y al irse profundizando la obra de la banda.

Hola es un gesto dulce como pocos. Construída sobre samples de las voces de dos niñas saludando -las hijas de Luis Cháves (Ari) y César Luna (Vale), grabadas mientras les mostraban como funcionaba un sampler- Hola es la pieza más esperanzadora y acogedora de la colección, a pesar de ser la obra que está construida de forma más sintética y mecánica. Otro claro juego de contrastes y yuxtaposiciones donde las expectativas son armadas y traicionadas de forma deliberada por la banda.

La obra mas íntima de este set es Patrulla Reina Para Siempre, desde su nombre hasta su contenido lírico. Las llaves para entender ambas se encuentran en las vidas de sus autores. Emocionalmente es la más devastadora y directa. Cuando Monte deja ir por completo la armadura impenetrable de la violencia explosiva de sus presentaciones o la argucia elaborada por la composición inteligente y astuta que reflejan sus grabaciones es cuando mejor podemos ver el corazón rojo y y vivo latiendo detrás de todo esto. Patrulla Reina Para Siempre nos habla de una vida ajena pero nos dibuja un mapa sobre la propia. Por su estructura, la canción se pudo extender muchísimo más para envolvernos en su textura y su melancolía retadora, pero en vez de eso corta justo en el momento preciso en que ha dejado claro su intención y de forma elegante nos devuelve al punto de partida.


El Otro Mundo es la obra más completa de Monte y sospecho que será la que recibirá aclamación más universal. De la misma forma en que su paso de un dúo experimental de batería, guitarra y samples a un power trío alternativo fue recibido con enorme satisfacción por los puristas, este disco le dará herramientas a los más conservadores para entender la producción previa de la banda. Es un paso clarísimo hacia el frente dentro de su obra y un punto altísimo dentro del rock costarricense, entrando a espacios sónicos donde nadie ha ingresado hasta el momento.

El reto queda en pie para las otras bandas pioneras dentro del rock alternativo local. El Otro Mundo está anclado en el futuro, pero reconociendo sus influencias de la historia musical sin caer nunca víctima de ellas. No se pierde en sus pretensiones pero no irrespeta a su público rebajando su discurso para ser entendido, porque lo asume inteligente y curioso. Se permite a si misma ser frágil y penetrable sin nunca martirizarse ni sentirse forzada en su empatía. Monte nos habla con franqueza de la vida atravesando las paredes que nosotros con tanto cuidado construimos, nos habla de la fuerza imparable del tiempo y de como ese breve instante en que estamos juntos es suficiente.

De como el estar juntos es suficiente.


El Otro Mundo en Bandcamp.