miércoles, 15 de julio de 2015

Perra Pop Presenta: Dios Desde La Máquina


La primera banda de rock que deja huella en Turrialba es Polifonía. Durante los 70s arrancó como una banda de covers, pero pronto trabajó material original y hasta musicaliza un poema del turrialbeño Marco Aguilar -compañero de andanzas de Jorge Debravo-. Su estilo de rock fusión con tintes progresivos fue encabezado por el fallecido Carlos León, y por sus filas desfilan el guitarrista Rafa "Felo" Castro -tío del guitarrista Diego García, ex-Seka-, el bajista Sebastián Salazar, el talentosísimo baterista Roy "el Negro" y hasta el legendario Ratón (Alfonso Pérez). Aparte de Polifonía, podemos rescatar otro proyecto de la época de Carlos León con Ratón llamado Scorpions, montado alrededor de un acordeón y guitarras acústicas. Pequeños brincos al vacío en un país sin industria, ni infraestructura ni nada que sostenga sueños.

De los 80 sobresale Habitación 26, de San Cayetano. La banda surge en la segunda mitad de la década, tocando música original y covers del influyente rock argentino de la época. Muchos la recuerdan como "la primera banda de rock en español de Turri", gracias al tiempo transcurrido sin bandas en el pueblo. Otros la recuerdan como la primera banda donde tocó el célebre guitarrista turrialbeño Gatán, y otros como la banda donde Olman Mora, periodista del Comité Olímpico, tuvo sus quince minutos de fama como baterista. Un famoso video en el Faro Disco Club inmortaliza su paso por los escenarios, donde los ojos más entrenados pueden reconocer a un muy joven Erick Lonnis con un afro. Soñaron con ser grandes, se celebraron, intentaron tocar el Sol. Siguen siendo recordados.

La banda más grande de principios de los 90 fue Calle Vieja. Primero conocida como la Old Street Band, su alineación inicial tuvo a Gatán en la guitarra, Z. en las vocales, Ratón en el bajo y Harold "Chuki" -legendario jugador de básquet turrialbeño- en la batería. Igual que las demás, su repertorio era una mezcla entre música original y covers de la época, en este caso el glam metal californiano. Su vocalista Z. -que subía al escenario en pantalones de cuero y sin camisa- fue un referente generacional para la adolescencia turrialbeña, que contaba anécdotas suyas con gran admiración -"A mí no me grita nadie. Ni mi mama, ni mi tata, ni mi santo que es Satanás; menos usted, vieja hijueputa" le gritó Z. a Teresita, monja retirada directora de su colegio-. Al salir Z. de Calle Vieja, la banda giró en torno a la figura de Gatán, lo cual hizo que fuesen conocidos como "los Gatanes" o "Gatan Roses". El epítome del rockero rebelde, Gatán siguió sus sueños de una vida poco tradicional hasta llegar a vivir en las playas de Tamarindo, antes de volver y sentar cabeza en su nativa Turrialba.

Al igual que el resto del país, Turrialba tuvo una explosión de bandas durante los 90. Alrededor del Sepulcro Punk -desaparecido salón en la calle que lleva al cementerio- nacieron muchísimas propuestas, la mayoría de muy corta vida. Bolas Negras, Dulcinea, La Tribu, Paramnesia, Neikos Shen Fu y Discordia son algunas de las que aun son recordadas con afecto. Seka, nacida de las cenizas de Dulcinea, es la más célebre de todas y la más longeva, con dos décadas de actividad ininterrumpida y una amplia dicografía, rompiendo todo pronóstico, luchando contra la dura realidad que quiebra hasta las mejores intenciones de los mejores músicos de esta tierra.


En este mundo de caos y ruido y música y leyendas y reputaciones arruinadas, nace y crece Xavier de la Cruz. Xavi origina en San Cayetano, mismo barrio que vio nacer a Habitación 26. En su infancia se obsesiona con una radiograbadora que tiene casetera, lo cual opaca al televisor de inmediato. Pierde las horas creando cosas nuevas con canciones que suenan en la radio mezcladas con intervenciones de los DJs, haciendo collages sónicos en cassettes de colores. Su hambre por sonidos nuevos lo hizo familiarizarse con todo lo que le ofrece el dial, fascinado por lo que escapaba de esa pequeña cajita. Es un patrón que se repetiría en su vida una y otra vez.

En el breve instante que tuvo cable en el 2004 descubre a The Cure, en un homenaje que les hace MTV. Lo llena de curiosidad ver músicos famosos rendir tributo a una banda de viejos despeinados con ropa negra arrugada. Al mismo tiempo, su familia consigue un equipo de sonido y el único disco en su casa es una compilación de James Brown, con el que desarrolla una estrecha relación. Este par de eventos simultáneos durante su adolescencia anuncian el futuro en tiempos diferentes. Justo después un cambio violento re-contextualiza su vida: su familia se traslada a Paraíso de Cartago.


El barrio en Paraíso no era como sus barrios anteriores. Pasa de los espacios abiertos aunque limpios y ordenados de la rural Turrialba a su primera dosis de urbanismo, violencia y caos, que lo llevan a replegarse aun más en su mundo interno. La música que escucha la juventud a su alrededor, con sus beats cadenciosos y sus letras misóginas y crudas, no calza con sus nuevos intereses y eso sólo nutre su aislamiento. Tampoco había cable, pero ¡por primera vez hay internet! A través de YouTube devora todos los videos de The Cure, lo que lo lleva a buscar infinidad de bandas asociadas con una voracidad insoportable. Poco a poco se fue familiariza con la rica historia del rock británico y todos sus derivados. Adelantado en sus investigaciones, descubre Los Beatles a través de un profesor del colegio y esa es su introducción decisiva a la psicodelia. Esta revelación afecta toda su personalidad y perspectiva, al punto que las pintas del barrio empiezan a llamarlo "Lennon" al verlo pasar, y así hasta el día de hoy.

El panorama local se llena del punk cartaginés. Mientras sus amigos se hacen skinheads, Xavi opta por portar orgullosamente su camiseta de The Cure y sus Chuck Taylors en perfecto estado. Primero asiste a todos los conciertos de punk que puede, infectado por la distorsión, la energía violenta y el minimalismo. Su curiosidad toma control de nuevo y decide recorrer todos los géneros musicales posibles, visitando el Mon Rio en Turrialba, el Continental en Paraíso, la Casa del Indio, Picacho, festivales, parques, todo. Al final, en un acto de rebeldía absoluta, asiste a conciertos sin importar quien toque, rehusándose a ser encasillando, resistiendo cualquier intento de etiquetas o conformismo, nadando contracorriente hasta donde pueda llegar.


Su apetito insaciable lo hace escarbar cada vez más atrás dentro de la historia del rock. Descubre a Velvet Underground, a Chuck Berry, a Muddy Waters, a KaKa Deluxe, a los New York Dolls. Su cerebro va a archivando todo y sacando relaciones. Ve la naturaleza cíclica del arte y las variaciones generacionales. Decide que tiene que intervenir. Consigue un trabajo para comprar su primera guitarra acústica en el 2010. Luego cambia el premio de una rifa por dinero en efectivo y junta eso con sus ahorros para conseguir su primera eléctrica. Luego otro trabajo, esta vez en un lavado de autos, para poder comprar su primera pedalera. Está listo.


Es este momento nacen los Gobstoppers. La banda es armada por el hermano menor de Xavi con un grupo de músicos turrialbeños, pero les hace falta un vocalista. Un cover de Arctic Monkeys después, Xavi tiene el puesto. Siguiendo la tradición turrialbeña, el primer repertorio estaba repleto de covers de rock de la época y una buena dosis de Beatles, seguido de cerca por el desarrollo de material original, urgente y contemporáneo. Tocan en parques, en bares, en el Festival Nacional de las Artes, en colegios. Se sintieron por un instante en la cresta de la ola. Su buen recibimiento los hizo pensar que este asunto del rock era mucho más fácil de lo que pensaban y sueñan en grande, pero la realidad tiene una maña de reafirmarse ante el primer descuido.

La frustración empieza a sentirse. Sus ambiciones musicales para el disco debut están muy por encima de las habilidades de una banda adolescente que apenas comienza. La avalancha de contrataciones y espacios para tocar nunca llega. Ensayar una vez cada fin de semana no es suficiente para ser profesionales ni para desarrollar el talento. La banda lentamente se enfría, sus ideas nuevas aun atrapadas en sus cabezas, sin nada concretándose en sus ensayos, ni en grabaciones, ni en ningún lado. Para el final del 2011 queda un puñado de recuerdos hermosos y canciones a medio componer.


Pero nunca aprendemos. Xavi no puede dejar de envolverse en música, ahora en funk, en soul, en hip hop, cultivando la semilla sembrada por James Brown en su adolescencia. No puede dejar de ver hacia adelante. No puede dejar de componer y tocar hasta perder la sensación en la punta de sus dedos. No puede dejar de creer en el futuro. Sigue buscando y creando y esperando. Sigue creyendo que hay algo más para él. Y lo había, no tan lejos como el pensaba. Había nacido en el corazón de una familia con tradición musical en Cartago, tres años después que él, y sus caminos iban a cruzarse tarde o temprano.


Mari Navarro compone su primera canción a los 8 años, con una guitarra que construye con una caja de cartón y unas ligas. La timidez le impide debutar ante sus primos y tiene que guardar la música en su interior. El sorpresivo embarazo de su madre provoca una reacción en cadena donde la incertidumbre se transforma en miedo, el miedo en ansiedad y de la ansiedad nace esa primera canción. Ahora se encuentra más incomunicada que nunca, porque ahora tiene algo que decir.

Meses después, con la plata de su Primera Comunión, se compra una guitarra eléctrica roja marca Biscayne. Inicia clases con su primo Gilberto Carvajal -hijo del otro Gilberto Carvajal, legendario saxofonista de Los Brillanticos- en un cuarto forrado de afiches de Led Zeppelin y Jimi Hendrix. Tiene 9 años. Colecciona información metódicamente sobre Shannon Hoon y Kurt Cobain. Odia la escuela. Sólo quiere escuchar música y hablar de bandas. Es una de nosotros, pero en ese momento está absolutamente sola.


Su espíritu creativo adolescente la llena de energía explosiva y eso desemboca en una matrícula condicionada en el colegio, una serie de castigos institucionales y psicoterapia. Su familia intenta una estrategia nueva: dejar de poner resistencia. Le diseñan una agenda repleta de actividades creativas y clases de artes plásticas y música, apoyados en los programas populares de la Casa de la Ciudad, de Cartago. Con su energía canalizada en pintura, guitarra y bajo, Mari finalmente se siente libre, siente que puede cambiar el mundo.

A los catorce años, en el 2006, descubre el punk y conoce a Jeison Gómez, un nativo de Cot. Jei y Mari son muy tímidos y se contactan por internet a pesar de estar en el mismo colegio, con su amistad construida sobre intercambios silenciosos de discos. Hasta la coronilla de rabia y energía cruda, arman una banda con otros amigos; Mari en el bajo y Jei en una de las dos guitarras. Su gran problema era mantener un mismo baterista.

Un día la banda ensaya en la casa de Mari y prueba un baterista nuevo. Atemorizado por el escándalo y el caos, el baterista no logra sentirse a gusto. Decide no volver, dejando su batería abandonada durante seis meses en la casa de Mari. Harta de la búsqueda interminable, Mari decide enseñarse a tocar batería ella misma y asumir el rol dentro de la banda. Fue amor al primer golpe, con cada impacto llenando sus vacíos. Jei se mantiene en la guitarra y otro amigo asume el bajo. Así nacen los Frenopátikoz.


Debutan como trío en CasaMata en el 2007, junto con Cáncer Social y Malamarrados, después de un ataque de pánico de Mari y la correspondiente crisis. Al terminar su set, su energía se dispara y su alma se llena de luz. Algo increíble acaba de pasar. Tocan en una serie de conciertos y conocen muchísimas otras bandas durante el siguiente año. Finalmente, los Frenopátikoz se separan en un concierto fallido en Orosi, justo en el día en que Mari cumple dieciseis. A última hora su bajista cancela y el primer impulso de Mari y Jei es cumplir con la fecha como dúo. Una oscura ola creciente de inseguridad -producto del hecho mismo- los detiene. Tocan fondo y deciden dar la banda por terminada. Es hora de empezar de nuevo.

Sin perder tiempo, Jei y Mari reúnen a un grupo de gente de Tierra Blanca, Cervantes y Cartago -con todo tipo de orígenes y destrezas varias- y de alguna forma mágica y hermosa se convirtien en una banda, para luego hacerse una familia. Una colección de artistas idealistas. Jei, Mari, Kim, Fink, Yoyos. Así nace Punto Konfliktivo, tabla de salvación de cada uno de sus miembros. Entre ensayos crudos y conciertos rurales, empiezan a suceder cosas. Finalmente listos para grabar, optan por utilizar los estudios Cavan en Heredia para hacer una sola sesión, con toda la banda tocando en directo. Ese mismo día Mari conoce a Colornoise, que se encuentra presente en los estudios probando su material antes de su debut en los escenarios capitalinos. Le dejan una impresión profunda al no sonar como nada que había escuchado en el rock local.


Con Punto Konfliktivo comparte escenarios con bandas internacionales y visita Panamá, Guatemala y El Salvador. No obstante, como la banda funciona como una familia y no está diseñada como una empresa, su alcance se limita a la disponibilidad de tiempo de sus miembros. Su actividad musical en conciertos se reduce, a pesar de que la banda se ve y ensaya semanalmente. Son una familia y hacen lo posible por mantener esta pureza para preservar su unidad y sus principios, sin dejar que otros elementos interrumpan su dinámica. Necesitándose y complementándose orgánicamente, pero cerrando cualquier posibilidad de una vida musical profesional.

Mari prosigue su búsqueda como artista. Su inmenso talento la pone en demanda y tiene un breve paso por el Pop costarricense como música profesional de sesión, tocando en playas y teatros, y compartiendo tarimas con otros profesionales. La experiencia es increíble, pero claramente no es lo suyo. Al mismo tiempo se da cuenta que una beca para estudiar producción o jazz o algo musical, no va a pasar, y que tampoco cuenta con los recursos para dar ese paso por su cuenta. Por suerte logra tener total claridad sobre que es lo que realmente la llena profesionalmente: tener una banda activa que la ponga en el centro de todo, a crear y ejecutar... pero ya no tiene 15, tiene que pensar en el futuro y manejar expectativas concretas y dolorosas sobre cuales son sus posibilidades reales.


Durante el 2014 Mari está tocando fondo. Después de agotar posibilidades buscando una respuesta dentro de sí misma, aún no logra ver un futuro concreto. Una noche va a un concierto de Colornoise con su círculo de amigos. Mientras esperan afuera, un muchacho nuevo en el círculo saca su guitarra y le toca una canción. El golpe es inmediato. La vulnerabilidad, el dolor y la sensibilidad de la música la aplastan como una avalancha. Decide en ese instante hacer todo lo posible para que el mundo escuche ese milagro. Se llama Xavi. Es de Turrialba. Vive en Paraíso de Cartago. Cree en el futuro y el cambio. Entran al concierto y Mari ve a Colornoise como espectadora una última vez. La próxima vez es parte de la banda. La próxima vez que toca Xavi, es con ella como Dios Desde La Máquina. El cielo se abre de par en par. Xavi le dice que al final todo es un acto de fe.

Y lo es.


Dios Desde La Máquina es Mari (batería, sintetizador, vocales, drum pad) y Xavi (vocales, guitarra, sintetizador, teclado, bajo, drum pad). Activo desde 16 Agosto 2014, debutan el 30 de abril del 2015, en el Folk Collective Vol. 10 en El Steinvorth.